“Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente”
William Shakespeare
Por. Lic. Sandra De la Garza Santos – www.sandradelagarza.com – www.amifertil.com

Quizás te sorprenda saber que aproximadamente una de cada cinco parejas que decide tener un hijo, no puede
concebirlo y que la mayoría de las personas podemos decir que conocemos a alguien en esta situación. En México se estima
que más de 4 millones de personas en edad reproductiva pueden presentar problemas en su fertilidad por Trompas de Falopio obstruidas, problemas ováricos, alteraciones hormonales, conteo bajo de espermatozoides o de mala calidad, por mencionar algunos. Todas las causas que impiden un embarazo son fisiológicas, no psicológicas. Las trompas no se bloquean por el hecho de que una mujer esté pensando con intensidad en quedar embarazada.
Dado que el embarazo es un proceso que se asume como natural y cotidiano, puede pensarse que es un proceso sencillo, pero no lo es en absoluto, de tal manera que hay muchos factores que pueden disminuir las posibilidades de que se logre y, por lo tanto, se presente un problema de infertilidad.
La infertilidad se define como la incapacidad de lograr un embarazo sin el empleo de un método anticonceptivo, después de un año de vida sexual activa, así como también incluye la incapacidad de llevar a buen término un embarazo, el cual culmine con el nacimiento de un bebé vivo.
Aun cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica como una enfermedad, en México, alrededor del
90 por cierto de los especialistas y las clínicas de reproducción se encuentran en el sector privado de salud, los seguros de gastos médicos no contemplan una póliza, los medicamentos son muy costosos.

La infertilidad representa uno de los problemas más difíciles de sortear para una pareja o persona. No sólo no están cumpliendo con el objetivo, no escrito, establecido culturalmente para la pareja, que es el de formar una familia con hijos; sino tampoco están cumpliendo con lo esperado como hombre y como mujer.
Si bien la vida está llena de períodos de adaptación desde el inicio: cambios de ciudad, de escuelas, situaciones familiares,
el primer trabajo, entre muchos otros, las parejas tienen que adaptarse a la infertilidad, a las emociones que esta genera y al
proceso médico.
A todos nos gustaría disfrutar siempre, ver cómo lo que hacemos funciona, por eso cuando se juntan el dolor y la ausencia
de recompensa inmediata, como en la infertilidad, se viven diferentes momentos de optimismo y sensación de pérdida y
fracaso. El duelo, la furia, la angustia, la depresión, la culpa, son emociones que se experimentan con gran intensidad. Algunas áreas se van viendo afectadas en conjunto como la autoestima, la vida sexual, la situación económica, la carrera profesional o el trabajo, la habilidad para planear la vida y sobre todo las relaciones no solo de pareja, también las familiares y sociales.
Poco a poco van descubriendo que han dejado de pertenecer al mundo fértil siendo involuntariamente infértiles, proceso
que afecta su identidad social. El mundo fértil al que ellos pertenecían, donde eran aceptados, sintiéndose personas
completas y normales cuando no estaba cuestionada su fertilidad, se ha distanciado. A partir de ese momento su valor social se percibe disminuido, teniendo que aprender a llevar un estigma social, portadores de un tabú, porque la fertilidad es visualizada como un símbolo de prestigio.
Vivir el proceso de infertilidad es una situación que se va resolviendo en el camino, donde no existe un instructivo para las
personas que deseaban formar una familia, que pueda mostrarles los pasos a seguir para inventarse una vida plena sin hijos.

La infertilidad es una situación que resulta muy difícil exponerla claramente, por lo que son frecuentes las excusas cuando el
tratamiento interfiere de alguna manera con un evento social o con el trabajo. En algún momento los verás aislados, deprimidos y obsesionados con la idea de tener un hijo. Cuando alguien a quien queremos tiene problemas, es natural intentar ayudarle; y si no hay nada específico que podamos hacer, procuramos darle algún consejo.
A menudo recurrimos a nuestras propias experiencias o anécdotas. Quizás conozcas la historia de alguna pareja que
tuvo problemas para concebir hasta que se fueron de viaje. Así que le sugieres que se tomen también unas vacaciones, este
consejo, no les sirve porque su problema tiene un origen físico, pero además de que no les sirve, los daña emocionalmente,
de hecho, continuamente están bombardeados por este tipo de consejos no solicitados.
Hacer el amor y concebir un bebé son dos conceptos que empiezan a no estar relacionados. La medicina moderna
ofrece esperanza donde antes no la había, pero con una pequeña probabilidad de éxito y acceso para un número reducido
de personas. Es un camino económico y emocional muy difícil de recorrer, visitas al médico, inyecciones diarias,
compaginar continuamente su trabajo y otras actividades con los diferentes procedimientos médicos y realizar importantes desembolsos de dinero, todo esto va precedido de pruebas de diagnóstico que pueden llegar a ser dolorosas.
Puedes imaginar lo qué sentirías si recibieras la noticia de que te fue amputado un brazo o pierna, esa sensación
se vive después de un tratamiento de reproducción con resultado negativo, una y otra vez en cada procedimiento. Todavía algunas personas van más allá y experimenta el duelo de haber perdido a su bebé. Podrás cuestionar que ese bebé solo
existió como una ilusión, así de complejas son las emociones cuando se vive este proceso de infertilidad. Y mientras ellos
están intentando arreglárselas con esta confusión emocional, puede ser que lleguen las invitaciones a una fiesta infantil
o a un bautizo, o se enteran de que una amiga o una compañera de trabajo está embarazada, o leen la noticia de un bebé
recién nacido abandonado en un parque.

Escucha lo que tienen que decir, pero no
los juzgues.
La mayoría de las personas estamos siempre aprendiendo a comunicarnos en forma escrita o hablada, pero tenemos
muy poco entrenamiento en escuchar con la intención de comprender, porque generalmente se escucha con la intención
de responder.
Después de la necesidad física de sobrevivir, la necesidad más importante de una persona es la de sobrevivir psicológicamente. Por tal motivo escuchar con empatía es una herramienta muy poderosa para poder ver el mundo como lo
mira cada uno de ellos y no sugerir sobre el mundo que cada uno de nosotros miramos.
Igual que una habitación puede ser una carrera de obstáculos para una persona con discapacidad visual, la vida cotidiana
puede estar llena de peligros para una pareja infértil; peligros que no existen para una pareja con hijos.
Navidad, día de la Madre, el Padre, del Niño, son muchas de las fiestas que les recuerda el paso del tiempo, cada
celebración tiene su particular carga emocional para ellos. Ir a una fiesta infantil puede ser doloroso, pero también lo es
distanciarse de los encuentros sociales que celebran sus familias y amigos.
Es frecuente que en alguna reunión alguien les pregunte sobre el tiempo que llevan de casados y si tienen niños, ellos saben
que serán abordados con esas preguntas y por más que intentan estar preparados, les hace daño. Por otro lado, si comentan
que tienen problemas para concebir,probablemente comiencen los consejos, “Relájate, no te obsesiones, vendrán
pronto”, o aún peor: “Es la voluntad de Dios”. Son esta clase de comentarios los que hacen que se sientan desvalorizados.
Viven un camino lleno de incertidumbre, no saben cuándo ni cómo terminará, así como el por qué les tocó vivir esta
experiencia y al observar a otras familias con hijos les recuerda lo que no han logrado. Su vida es muy estresante y hacen
lo posible por sobrellevarlo, sabiendo que cuentan con una baja probabilidad de éxito y sin embargo, cuanto más se empeñan, mayores son las posibilidades de conseguir finalmente el nacimiento de su bebé.
Lo que ellos esperan de ti, es ser comprendidos y sentirse apreciados, necesitan a alguien en quien poder confiar. La confianza es una emoción que se manifiesta con tranquilidad, calma, aproximación y franqueza. En si es la emoción que humaniza pues hace posible acercarse a la otra persona.



